Hay películas que al verlas es casi imposible no derramar algunas lágrimas, ya sea por un determinado momento o por distintas escenas. Podría recordar varias historias, pero esta vez solo me quedo con cuatro.

En Un paseo para recordar (2002), dos jóvenes totalmente diferentes se enamoran. Ella es seria, conservadora y muy creyente, hija de un pastor de la iglesia baptista. Él pertenece al grupo más popular, el que reina en la escuela.

Siempre el mismo día (2011) muestra a dos amigos con personalidades bastante diversas, todos los 15 de julio por veinte años, dos amigos que tardan en aceptar sus verdaderos sentimientos.

Durante Bajo la misma estrella (2014), el joven Gus llega a la vida de la adolescente Hazel, ambos con una enfermedad, y la transforma para siempre, logra que finalmente ella vea sus días de otra manera.

En Yo antes de ti (2016), una chica alegre e inestable consigue un nuevo trabajo que pone a prueba su forma de ser y su actitud frente a la vida. Debe cuidar y acompañar a un joven rico que ha quedado paralítico luego de un accidente.

Sin duda, estas películas tienen varios puntos en común: son románticas, entretenidas, tiernas, emotivas y emocionantes, son historias con personajes entrañables, tan posibles como la misma vida.