Las vi hace tiempo, pero las recuerdo muy bien. Sin duda, son tres opciones románticas ideales para viajar desde el sillón de casa.

Leap Year (Año bisiesto), estrenada en 2010, inicia con una joven enamorada que viaja a Dublín, Irlanda, para pedirle a su novio que se case con ella. Lo hará siguiendo una tradición irlandesa, según la cual solo un día cada cuatro años (el 29 de febrero) una mujer puede proponer matrimonio a su pareja con la certeza de que no será rechazada. Sin embargo, durante el viaje, una circunstancia imprevista la obligará a pedir ayuda a un rudo irlandés con el que tendrá que caminar durante varios días si quiere llegar a tiempo para hacer su propuesta. Con esta película, conoceremos los magníficos paisajes de Irlanda, los naturales y los construidos por el hombre en épocas pasadas.

Por su parte, Cartas a Julieta, del mismo año, sigue a Sophie y Victor, una pareja que decide pasar las vacaciones en Italia. Mientras Victor está solucionando unos asuntos de trabajo, Sophie visita el famoso patio de Romeo y Julieta, donde mujeres de todas partes del mundo dejan cartas de amor no correspondido. Sophie encuentra una carta escrita hace más de 50 años por Claire, una mujer que buscaba a un joven italiano llamado Lorenzo. Desde ese momento, emprende un viaje por toda Italia buscando al misterioso joven. Después de verla, no nos faltarán ganas de buscar más sobre la bellísima Verona y la impactante Toscana. 

Finalmente, en Medianoche en París (2011), un escritor norteamericano llega con su prometida Inez y los padres de esta a la ciudad de París. Cuando camina por las calles soñando con la feliz década de 1920, cae bajo una especie de hechizo que hace que, a medianoche, en algún lugar del barrio Latino, se vea transportado a otro universo en el que conoce a personajes que jamás hubiera imaginado. Recorrer las calles parisinas junto al protagonista de esta historia será una extraordinaria sensación.

Mágicas, encantadoras, maravillosamente románticas y emotivas… ¡tres películas que son un viaje, sin escalas, a Europa!